SI THELMA Y LOUISE BAILARAN TANGOS
"Cleopatra" es una película pequeña,
sencilla, intimista y tierna. Ese sería un buen resumen de
adjetivos para la película, pero esa falta de pretensiones
también la convierte en obvia, simple y sin demasiadas cosas
que contar. El arranque del film es muy bueno y consigue atrapar el
interés del espectador. Es el momento de la presentación
de personajes y del inicio de la historia, donde se nos muestra el
encuentro de dos mujeres muy diferentes entre sí, de generaciones
distintas, pero en un momento de sus vidas con inquietudes y necesidades
parecidas.
Cleo, es una maestra jubilada, ahora vendedora de cosméticos
que vive con su marido, un hombre alcoholizado y depresivo que no
sabe apreciar lo que le quiere, habiendo ambos perdido el contacto
con sus tres hijos desde hace años (el personaje de Cleo está
interpretado por la estupenda Norma Aleandro, aunque aquí realiza
una interpretación algo autocomplaciente y el marido lo encarna
el gran Héctor Alterio que realiza con su habitual maestría
su breve y estereotipado papel). Por
otra parte, está Sandra, una famosísima actriz de telenovelas
que está a punto de introducirse en el mundo de Hollywood y
que está cansada de no poder tener una vida normal y de sentirse
querida de verdad (el papel está interpretado por la joven
y bella Natalia Oreiro).
Tras ese punto de partida comienza el viaje,
porque esta historia es una "road-movie" que en su argumento
y desarrollo puede recordar y de hecho las semejanzas son evidentes
con la famosa película de Ridley Scott, "Thelma &
Louise". Tal vez ese sea el mayor lastre en una película,
que recuerde a otra y que encima no quiera reconocerlo (el propio
director dice despreciar el film de Scott). Tal vez si la historia
se hubiera centrado en los dos personajes femeninos hubiera resultado
más interesante, pero la irrupción en la trama de Carlos
(interpretado por un soso Leonardo Sbaraglia que hace la réplica
al personaje de Brad Pitt en la película en que se inspira),
un apuesto camionero que las recoje en la carretera después
de tener un accidente, provoca que la historia pierda fuelle y se
disperse en convencionalismos anodinos y falta de profundidad psicológica
que era lo que requería precisamente una historia de estas
características.
Pasando a los aspectos técnicos del film, respecto a la dirección
de Eduardo Mignogna se podría decir que es correcta, pero también
discreta y algo torpe, que está demasiado supeditada a intentar
destacar la interpretación de Norma Aleandro ofreciéndole
monólogos gestuales o primeros planos injustificadamente largos,
y que cuando intenta proponer algo diferente sólo consigue
despistar al personal (por ejemplo, las veces que la protagonista
se pone a hablar al público, mirando directamente a cámara
y que no vienen a cuento de nada), aunque también tiene momentos
verdaderamente bellos, como el plano de Sandra a través de
la ventanilla del coche bajo la lluvia al inicio del film, o los primeros
planos de Carlos y Sandra tumbados mientras él traduce la poesía
de una canción que están escuchando. Hablando de música,
es un apartado de la película que hay que comentar y en negativo,
me parecen tan desacertadas las elecciones musicales como el propio
título del film que puede llevar a equívocos en el espectador
poco informado.
Sí destacaría, sin embargo, el trabajo de Natalia Oreiro,
una uruguaya que sin duda se convertirá en uno de los estandartes
del nuevo cine argentino, tan respetado en nuestro país, incluso
con películas menores como esta, y que es de lo mejor del film.
En definitiva, una película que mezcla comedia y melodrama
con habilidad, con un planteamiento interesante y un desarrollo algo
abrupto con personajes que se apuntan y no acaban de dibujarse y una
trama que no acaba de conducir a un lugar concreto como el propio
final de la misma, en esa parada de autobús donde Norma Aleandro
espera tomar una decisión para dar con el rumbo que quiere
dar a su vida, donde
bien podría situarse a los guionistas intentando
buscar el rumbo de su historia.
U.C. (Daniel Farriol)